En el taller de proyectos, aprendemos a trabajar a partir de un programa. El cliente o el profesor lo da, y la tarea es responder a él de la manera más directa y coherente posible. Y si en algún punto del proceso aparece una idea que parece funcionar, el instinto —reforzado por la cultura del taller— es interrumpir la búsqueda alternativas y trabajarla hasta el final. Explorar otras direcciones se siente como perder tiempo, o como no tener criterio.
Lo que esa cultura deja poco espacio para hacer es lo que el design thinking pone en el centro: cuestionar el problema antes de resolverlo, y mantenerse abierto a lo inesperado durante todo el proceso. En design thinking, el primer enunciado de un problema nunca se da por bueno — se profundiza en el espacio de oportunidades para encontrar qué pregunta merece realmente una respuesta. Pero hay algo más que distingue a estos dos modos de operar: la disposición hacia la sorpresa.
La sorpresa, en el taller de proyectos, es casi siempre un accidente. En design thinking, es una herramienta creativa.
La sorpresa a lo largo del proceso de diseño
La Carta 21 del toolkit Arplaytecture Cards lo formula así:
“Como si fueras un niño, déjate sorprender e inspirar por los descubrimientos inesperados relacionados con los usuarios.”
Pero sorprenderse no es una actitud pasiva. Requiere cultivar un tipo de atención específica — una que no filtra lo que no encaja en la hipótesis que ya tienes. Esa atención funciona de manera diferente según el momento del proceso en que te encuentres.
Al principio, cuando todavía estás observando, la sorpresa llega cuando ves una contradicción entre lo que esperas y lo que ocurre de verdad. Kelley y Kelley lo formulan con precisión: cuando algo no cuadra entre lo que ves y lo que esperabas ver, es una señal de que debes profundizar, no de que debes corregir.
¿Qué patrones inesperados aparecen? ¿Qué hacen los usuarios que nadie les pidió que hicieran? ¿Qué necesidades emergen que el programa no había anticipado? Aproximarte al problema con una curiosidad de principiante sin juicio previo — como si lo vieras por primera vez — es la condición para que esas contradicciones se vuelvan visibles.
Cuando el proceso avanza hacia la definición del problema, la sorpresa puede actuar como reformulación. En lugar de preguntar “¿cómo hacemos esta biblioteca más funcional?”, vale la pena preguntarse qué haría que la biblioteca generara curiosidad de formas que los usuarios no esperan. El reencuadre no es un truco retórico: es la consecuencia de haber mirado el tiempo suficiente.
En la fase de ideación, la sorpresa necesita un espacio deliberadamente abierto. ¿Qué elementos lúdicos o inesperados podrían transformar la experiencia? ¿Qué pasaría si la señalización fuera interactiva y personalizada? ¿Qué contradicciones entre lo esperado y lo posible podrían convertirse en el núcleo del proyecto? Las ideas más interesantes casi nunca son las primeras — y solo aparecen si no se cierra demasiado pronto.
Cuando el dato inesperado reformula todo: Scale the Change
En 2021, diseñé Scale the Change para la exposición de la Conferencia NORDES 2021 en Kolding, Dinamarca (https://conference2021nordes.org/location/). La instalación incluía un sistema de tarjetas de colores — cada color vinculado a uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible — que los ciudadanos podían coger para escribir pequeñas acciones cotidianas relacionadas con ese objetivo y colocarlas en las columnas del proyecto de Jørn Utzon “The Spanish Stairs”. La idea era que las columnas se fueran llenando de acciones concretas que otros ciudadanos pudieran ver y replicar: una forma de hacer tangibles unos objetivos que suelen sentirse abstractos e inalcanzables.
Lo que ocurrió fue diferente. Los ciudadanos no escogían las tarjetas por el ODS al que podían contribuir. Las escogían por el color que más les gustaba.
Podría haberse leído como un fallo. La intención era vincular la acción al objetivo; en cambio, el gesto era estético, casi azaroso. Pero si en lugar de corregirlo te quedas con esa observación el tiempo suficiente, lo que ves es otra cosa: la fisura entre lo que el diseñador construye y la manera en que los usuarios se apropian de ello. Los ciudadanos no estaban respondiendo a la estructura conceptual de la instalación. Estaban respondiendo a su presencia física, a su color, a la invitación sensorial que el objeto generaba. Eso no era el problema. Era el dato.
Esa sorpresa reformuló muchas cosas sobre cómo entiendo la participación en el espacio público.
Prototipar y testar desde la sorpresa
En las fases de prototipado y testeo, la sorpresa opera de otra manera: no como algo que llega del exterior, sino como algo que buscas activamente. Los prototipos de baja fidelidad — inacabados, aproximativos — dan permiso para que los usuarios interactúen de formas no previstas, precisamente porque no hay nada que “romper”. Las reacciones que menos esperas son las que más información dan: ¿notaron el elemento inesperado? ¿Generó curiosidad o confusión? ¿Qué habría que ajustar para que tuviera el efecto que buscabas? Iterar desde ahí no es corregir un error — es profundizar en lo que la sorpresa te está mostrando.
La lente del Cross-Pollinator: cultivar la sorpresa de forma activa
Quien trabaja con la lente del Cross-Pollinator — uno de los innovation roles del toolkit Arplaytecture Cards — tiene una ventaja específica en todo esto: busca activamente en campos aparentemente no relacionados los patrones que podrían informar el problema que tiene delante. La sorpresa no se espera: se cultiva.
¿Qué hace en otra disciplina alguien que trabaja con un problema similar al tuyo? ¿Qué técnicas de un campo distinto podrían revelar algo que tu campo da por sentado? La distancia entre lo que conoces y lo que desconoces es exactamente el tipo de fricción del que emerge algo nuevo.
Para liberar esa capacidad de sorprenderse, hay que soltar algo primero: la certeza de que el programa tal y como llegó es el problema que hay que resolver, y la idea de que la primera dirección que aparece merece todo el esfuerzo.
La sorpresa no llega cuando la invitas. Llega cuando dejas de buscar confirmaciones.



